07. Visión y virtud:
Un modo de contrarrestar el analfabetismo
moral es el dar a conocer a los adolescentes y jóvenes algunas historias que
les den un punto común de referencia y les proporcionen un almacén de buenos
ejemplos.
Este método, apoyado por el antiguo
secretario de educación estadounidense, William Bennett, es rechazado por la
escuela de educadores. Él quería volver a poner el énfasis en el contenido, y
no cualquier contenido, sino el contenido de la cultura occidental; y quería
hacer volver a las escuelas la educación del carácter.
Otros también han reclamado un esfuerzo
común por enseñar a través del habito, el ejemplo y la exhortación.
Sin embargo, entre los educadores ha
calado a fondo una mentalidad contra la “imposición de valores”. Para ellos la
palabra más despectiva es “predicar”. Como Rousseau, creen que todo lo bueno ya
está en los alumnos y no necesitan del ejemplo que se da en las historias.
La diferencia entre “casos” o “dilemas” e
historias es que ésos se resuelven según una ética fría, utilitaria, mientras
que éstas comprometen plenamente a la persona. Una transformación moral
frecuentemente viene acompañada por una visión del mundo. En efecto, “una
historia es un modo de decir algo que no se puede decir de otra manera”.
Es demasiado fácil perder de vista que los
problemas morales son problemas humanos. Hay un vínculo importante entre visión
y virtud. Uno tiene que ver bien antes de actuar si quiere obrar bien. Muchos
de los hechos morales de la vida se aprenden por medio de la vista, de la
observación, y no tanto por el raciocinio. Son muchos los axiomas o premisas
que o los veo o no los veo. Las historias nos ayudan a ponernos en el lugar de
otras personas y nos ayudan a ver nuestra propia vida como una historia con
continuidad, y no una serie de experiencias y sensaciones inconexas.
Las historias nos conmueven y nos impulsan
en una cierta dirección, nos enseñan lo que es correcto. En el nivel más
simple, la fuerza moral de una historia o de una película es la fuerza del
ejemplo.
Cuanto más abstracta sea nuestra ética,
menos capacidad de movernos tendrá. El esfuerzo moderno de abstracción y
verbalización de la ética pasa por alto la realidad de que en el centro de
cualquier código moral hay un retrato de la naturaleza humana.
Muchos pensadores “iluminados” piensan en
una progresión de la ética hacia unos principios morales desligados de
historias. Pero, en efecto, la progresión nunca acaba ahí. Cuando se pierde la
cara humana de un principio, hay campo abierto para atacar el principio mismo
como relativo o de situación. La etapa final de esta progresión es el nihilismo
moral y el apelo al crudo interés personal.
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